LA ACIAGA “MADRUGÁ” SEVILLANA
“La Madrugá” está considerada la jornada más emblemática de la Semana Santa sevillana. De común, finaliza a primeras horas de la tarde del Viernes Santo y congrega en las calles de la capital andaluza a centenares de miles de personas que presencian el desfile de otros varios miles de nazarenos en sus seis cortejos procesionales. Con estos antecedentes, es lógico que la jornada no tenga igual en el sentir cofrade del pueblo sevillano.
“La Madrugá” está considerada la jornada más emblemática de la Semana Santa sevillana. De común, finaliza a primeras horas de la tarde del Viernes Santo y congrega en las calles de la capital andaluza a centenares de miles de personas que presencian el desfile de otros varios miles de nazarenos en sus seis cortejos procesionales. Con estos antecedentes, es lógico que la jornada no tenga igual en el sentir cofrade del pueblo sevillano.
Las hermandades que procesionan durante la larga noche son conocidas, prácticamente, en todo el mundo: La Macarena, el Silencio, el Gran Poder, Esperanza de Triana, Los Gitanos y el Calvario. Ahí es nada. Pocas son las circunstancias adversas que, en el pasado, pudieron truncar su salida a la calle y hacer su estación de penitencia ante la expectación del pueblo y sus numeroso seguidores. Ni tan siquiera, en el año 1846, una intensa lluvia evitó que la Esperanza de Triana, cumpliera gustosa con su salida (en 2004, entre otras, también fue resistente a las inclemencias del tiempo).
Tan solo la política, qué si no, evitó la salida de las seis hermandades, durante el año 1933. Tiempos convulsos en la historia política de España, justificaron, en aquella ocasión, la no realización de la estación de penitencia.
Pero anoche, Jueves Santo de 2011, el tiempo se confabuló, cebándose contra las calles sevillanas, que acabaron desiertas por culpa de un fuerte aguacero, truenos, tormenta... y con las cofradías en el interior de sus respectivos templos. Nadie salió.
Fuerte, muy fuerte, fue lo que tuvo que caer desde el cielo, como para propiciar tan insólito hecho dentro de los últimos ochenta años, en la “madrugá” sevillana. Y, hablando de insólito, con ello se impidió, entre otras muchas cosas, que la hermandad del Silencio, permitiera por primera vez en su centenaria historia, que las nazarenas, sí, las mujeres, por fin, realizaran la estación de penitencia, tras haberse implantando por las autoridades eclesiásticas sevillanas “la igualdad de sexo en las cofradías hispalenses”. Espero que, los más supersticiosos (o los más machistas), no quieran ver en este hecho, una macabra relación de causa y efecto, con esa lluvia, que todo lo pudo.
OTRO AÑO SERA......